El astrónomo que miraba el interior de los árboles
El nombre de Andrew Ellicott Douglass no es muy conocido pero una fotografÃa, en la que él aparece, dio la vuelta al mundo: en ella, Douglass aparece de pie ante una sección de tronco de árbol que le dobla en altura y en la que unos carteles señalan cuál era el grosor de aquella secuoya gigante en diferentes épocas históricas. Asà comienza la historia de la datación de los árboles por los anillos de crecimiento de su tronco.

22/03/2022
Andrew Ellicott Douglass (5 de julio de 1867 – 20 de marzo de 1962) nació en Windsor (Vermont, EE. UU.), en una prominente familia ligada al clero y la academia. Heredó su nombre, y su pasión por la astronomía, de su bisabuelo, quien había registrado por primera vez una lluvia de estrellas fugaces en Norteamérica. Aunque la gran contribución de Douglass a la ciencia fue la datación de los árboles por los anillos de crecimiento de su tronco.
LOS INICIOS DE DOUGLASS
Con sus estudios en astronomía, geología y física, Douglass ingresó en el Observatorio de Harvard como ayudante, un empleo que le llevó de expedición a Perú y de gira por Europa. En 1894, el acaudalado astrónomo aficionado Percival Lowell le contrató con el fin de seleccionar un emplazamiento en Arizona donde situar un telescopio para observar Marte. Douglass se trasladó a lo que entonces era el Far West y eligió la localidad de Flagstaff. Allí se erigió el Observatorio Lowell, que ha perdurado hasta hoy.
La trayectoria de Douglass como segundo de Lowell terminó bruscamente a causa de la obsesión de este último por demostrar la existencia de una civilización marciana, algo que ni Douglass ni el resto de la comunidad científica apoyaban. El conflicto entre ambos terminó con el despido de Douglass en 1901. Tras esto, Douglass se traslado a la Universidad de Arizona, en Tucson, y en 1906 comenzó a interesarse por la datación de los anillos de crecimiento de los árboles.

Imagen: Arizona State Museum
LA DATACIÓN DE LOS ANILLOS
La naturaleza anual de los anillos aparece por primera vez en los escritos de Leonardo da Vinci, quien reconoció que su grosor dependía de las condiciones de humedad. En los siglos XVIII y XIX, otros científicos avanzaron en el estudio de los anillos y su relación con el clima, comenzando a cruzar fechas para efectuar dataciones.
El acercamiento de Douglass a los anillos de los árboles tenía un propósito meramente instrumental y creó, por cuenta propia, la entonces nueva ciencia de la dendrocronología, fundando, en 1937, el Laboratorio de Investigación en Anillos de Árboles de la Universidad de Arizona, el primero de su especialidad. Así, Douglass se convirtió en la principal autoridad en el estudio de los anillos, gracias sobre todo a los cortes de las milenarias secuoyas gigantes.
VIGA HH-39
Su trabajo en la Universidad de Arizona llegó a oídos de los arqueólogos del Museo de Historia Natural de EE. UU., que solicitaron su ayuda para datar las ruinas de los antiguos asentamientos anasazis, en el suroeste del país, a través de las vigas de madera empleadas por los nativos en sus construcciones.
El astrónomo comenzó a trabajar en esta línea en 1916, pero durante años solo fue factible asignar a las vigas cronologías “flotantes”; es decir, relacionadas unas con otras, aunque sin posibilidad de fijarlas en el calendario, ya que existía una brecha temporal entre estas y las dataciones absolutas obtenidas en Flagstaff.
Por fin, el 22 de junio de 1929, el análisis de una viga denominada HH-39, recogida en Showlow (Arizona), permitió solapar ambas cronologías y fechar las ruinas anasazis. En diciembre de 1929, Douglass escribía en la revista National Geographic que la viga HH-39 estaba destinada a ocupar un lugar en la arqueología americana “comparable a la piedra Rosetta de Egipto”. Y así fue; hoy la dendrocronología se emplea en todo el mundo para labores de datación, así como para reconstruir el clima del pasado y entender el actual.


